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Juegos en el Campo

Lunes, 11 de Octubre de 2010

El castaño de Indias juguetea en el parque

Carmen Ruiz-Tielve, Cronista Oficial de Oviedo

En Oviedo, las estaciones pasan por el Campo San Francisco. Este otoño recién estrenado ya está en el Campo, que va cambiando los verdes infinitos del verano por variadísimas tonalidades de amarillos y ocres que conviven con los verdes de la hoja perenne. Dentro de la riqueza vegetal del Campo, que cada otoño nos da nuevos disgustos a golpe de vendaval y grafiosis, especie llamativa por su belleza es el castaño de Indias, del que allí se lucen extraordinarios ejemplares.

Un jardín clásico que se precie suele tener siempre castaños de Indias, por otros nombres falsos castaños o castaños locos. En primavera florecen de forma aparatosa y por ahora ya andan jugando con sus frutos, unas castañas grandes y lustrosas que caen al suelo envueltas en sus erizos espinosos o desnudas en toda su belleza. Las hojas, compuestas, grandes y verdes, se preparan ahora para vestirse de amarillo y contemplan desde lo alto, a veces desde los veinte metros que alcanzan, el espectáculo que las rodea.

Con diversas versiones sobre sus orígenes históricos remotos, nos quedamos con Grecia, por aquello de ser cuna de nuestra cultura. Hay noticias ciertas de castaños de Indias en la Viena de 1576 y se cuenta que en los jardines italianos del siglo XVII crecían castaños de Indias. El códice Pomar, del valenciano Jaime Hipólito Pomar médico de Felipe II, cuenta con documentación sobre este árbol, e incluso una de las acuarelas que el rey, agradecido, regaló a Pomar, representa un castaño de Indias en toda su belleza y se conserva, como el resto de la colección, en la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Valencia, de la que fue catedrático Pomar.

En Oviedo disfrutamos desde hace siglo de un gran jardín histórico, nuestro Campo, y en él viven en buena salud grandes ejemplares de castaño de Indias, que no tienen nada de locos ni de falsos. Sus castañas no son comestibles para el hombre y desde siempre, por estas fechas servían de juguete a los niños ovetenses, que organizaban batallas con ellas como arma arrojadiza.

Si ustedes atraviesan el Campo en estos días ventosos y no llevan casco, cuidado con las orondas castañas de Indias, que pueden hacer blanco en su cabeza.

Fuente: La Nueva España